Nadando en pleno arcoiris, empezando en el color blanco, pasando por el gris, para luego encontrar al duende, que no tiene oro, sino una sonrisa, la más auténtica. En ella se ve su corazón, que es el que bombea más fuerte, que se siente hasta en los ojos, que si se escucha con atención, se puede escuchar al pez que vuela en el intervalo de cada latido.Despertar de golpe, dormirse de nuevo, forzarse a soñar, sin ver ni al arcoiris ni al duende. Soñar despierto, con duendes farsantes, y otros duendes de corazones ligeros.
Vagar despierto, morir de pena, revivir en la propia sonrisa, como duende, con un corazón tímido. Bombear soplando, hablar creando, con más y nuevos colores. Dejarlos atrás en una estela liviana, mezclar a mano, cruzarse de la nada con el duende del corazón más fuerte. Nadar juntos, aprender a caminar, tropezarse, quedarse atrás, verlo de lejos sin perder la fe ni la sonrisa. Un nuevo arcoiris, donde el duende me espera, sonríe, cruzamos juntos, mezclamos colores y compartimos el pez.





